miércoles, 6 de febrero de 2019

EL MUNDO NO DEJA DE GIRAR AUNQUE LE DE DURO LA TORMENTA





Ciclo vicioso de la vida

Los segundos marchan tras cada minuto.
Junto a sus eternos compañeros:
los días, los meses y los años,
como soldados que van a la guerra,
como aves de paso que huyen de la tormenta.

El almanaque se va lentamente desojando,
como árbol que en cada estación
se viste de traje nuevo.
Nada lo intimida.
Nada ni nadie interrumpe su paso.

El sol se acuesta sin ningún apuro,
y con él se cierran las ventanas del alma,
para luego ser abiertas de par en par
al escuchar el canto de las avecillas
y sentir el abrazo fuerte del sol radiante
anunciado una nueva mañana.

La sobrevivencia vuelve a su lucha intensa.
La faena a su nueva y exagerada carga.
El caminar de prisa de cada alma,
Llevándose el mundo por delante
Como si no volviera un mañana.

Lucha el grande, lucha el chico.
El débil y el fuerte hacen peleas
La victoria es para aquel gigante.
que supo enfrentar sus miedos.
y que el tic tac de su reloj
siguiera en marcha.

Y así la vida cumple su ciclo
una vez tras otra vez,
con su misma danza alrededor de su eje,
aunque una parte del mundo se desplome
y los vivos lloren a sus muertos.

La calma llega tras cada tormenta.
El mundo sigue su agitado paso.
Una nueva generación llega,
al compás de otra
que para siempre se aleja.

Y en esa dinámica
Se nos va el tiempo.
Las manecillas del reloj
siguen su paciente juego.
Caminan una tras otra
Sin ningún apuro.

Sólo se detiene el reloj bilógico,
para aquel que ayer dijo presente
y hoy aparece ausente.
Las ventanas del alma
se les han cerraron para siempre.

Cada día que sobrevivimos
Es un regalo del Dios Viviente.
Despertar cada mañana
es designio de su voluntad.
Agradecerle cada minuto
Debiera ser un rutinario deber.
 

 Guillermina Izquierdo Reinoso

martes, 18 de diciembre de 2018

EN DIOS NO HAY COINCIDENCIAS NI CASUALIDADES, HAY PLANES

 El Padre Celestial, dador de vida, es un Dios de orden, que se sienta a diseñar planes para el cumplimiento de cada uno de sus pactos en pro del ser humano, pues es un Dios totalmente ordenado que trabaja en equipo. Nada deja al azar ni a la casualidad. 
Como creador, lo vemos en la Biblia, en los primeros capítulos del libro de los principios, Génesis, siguiendo un orden para la creación de cada elemento del cosmos, según su prioridad, con toda calma y pasión, sin violentar ningunos de los pasos del plan que había diseñado con anterioridad y siguiendo uno por uno sus objetivos, cada uno dentro del tiempo previsto.  

Lo primero que vio fue que la tierra necesitaba ser iluminada, ya que todo estaba envuelto en tinieblas y muy desorganizado, para luego poder meter dentro de su orden todo lo que había sido desarreglado, antes de meterse de lleno en la creación de los elementos que les hacían falta. Por tal razón,  su primera actividad fue separar la luz de las tinieblas, pues, su meta era preparar un escenario perfecto de acogida a su principal objetivo, la creación del ser humano, su gran obra maestra, fin último de todo lo creado, en quien depositaría todo el amor que tenía acumulado para darle.
Todo lo hizo bueno y perfecto: el universo con sus leyes inquebrantables, la colorida y hermosa natura siguiendo su ciclo de vida de estación en estación en cada una de las criaturas creadas; el hombre y la mujer perfectos, puros, inocentes y sanos, muy parecidos a Él, para que, con respeto y sometimiento a cada uno de sus mandatos, principios y leyes, subyugaran la tierra y la llenaran con el fruto de sus vientres; la disfrutaran al máximo y vivieran para siempre, dándole toda honra y gloria a su creador y correspondiendo, con alegría y gozo de corazón, al gran amor que les daba.     
Pero no todo sucedió como lo había planeado. El hombre y la mujer que creó con tanto amor y esmero, usando sus propias manos, tomaron la decisión de caminar en direcciones opuestas a las de su amoroso creador, ya que les dio la total libertad para tomar sus propias decisiones. Pretendía que, todas las elecciones que tomaran, lo hicieran por amor a Él en plena libertad. 
Estos violentaron la relación íntima que tenían con ÉL, y con esta rotura quebrantaron todos los beneficios que esta gran amistad les brindaba, al desobedecer la única condición que les había dado, a fin de que no murieran y volvieran al polvo del que los había hecho. Esta ordenanza era encilla, pues  consistía simplemente  en no comer del árbol prohibido que estaba en medio del huerto (un fruto real no simbólico). De todos los demás podían comer, que eran más y de todas la variedades, también muy atractivos  a la vista. 

Aquel árbol tenía el germen del conocimiento del bien y del mal, que no estaba muy distante del llamado árbol de la vida, del que sí podían comer y convertirse en inmortales (Génesis 2:15-16; 3:1-6, 24), pues su fruto llevaba el germen de la vida eterna. Pero éste nunca atrajo la atención de Adán y Eva, como es común en todos los individuos de todas las épocas,  dejarse llevar siempre por todo lo prohibido e inclinar su alma a hacer el mal. Prefirieron prestarle atención al árbol de la muerte y comer de su fruto, por lo que un  dia tuvieron que volver a ser polvo.  
Influyó más en ellos la avaricia, la codicia y la glotonería del opositor de Dios, Satanás, quien los engañó con sus mentiras, al insinuarles que Dios era un mentiroso, porque si comían del árbol no iban a morir sino que serían igual a Él, en el conocimiento del bien y del mal, que el amor tierno e intenso que el Creador les había entregado. Y de esta manera se vendieron así mismos al pecado, y junto a ellos, entregaron a la humanidad por sus generaciones, presentes y futuras, condenándolas a la muerte espiritual, física y eterna.  

Pero como el Creador es un Dios amoroso, fiel y misericordioso, que guarda la esperanza de recuperar aunque sea en los últimos tiempos esa intimidad que tenía en Edén con el ser humano, en el mismo acto de la desobediencia de Adán y Eva, les hace la promesa de que del vientre de una mujer vendría a la tierra una criatura (Génesis 3:15), el Mesías (Cristo), en forma de hijo de hombre, que sería llamado Hijo de Dios, y que éste le daría un golpe mortal a Satanás en la cabeza, a fin de rescatar de la muerte a  todos los que creyeran en él y le recibieran como su salvador y señor, pudiendo volver a amistarse íntimamente con el Padre Dios (Juan 3:16) a través de su entrega voluntaria a la  muerte de cruz, como pago por el rescate de la humanidad perdida. 
Inmediatamente de la salida de Adán y Evan del paraíso, lugar que habían recibido por hogar, el Creador, como el Dios de planes que es, da inicio al plan de salvación que ya tenía de ante manos elaborado por si el hombre tomaba la decisión incorrecta.  

Y al paso de los tiempos, dentro del orden correspondiente, escogió a Abraham, un idólatra (adorador de muchos dioses), para bendecir en él a todas las familias de la tierra por sus generaciones, pues, su descendencia sería incontable. Este era un hombre muy anciano, que a sus cien años  de edad no había tenido hijos con su esposa Sara,  solo uno, Ismael, con la sierva de ésta, porque era estéril y tenía  diez años menos que él (Genesis 17:1-27).  Y era obvio que ya no viera su menstruación. Y el pacto la involucraba a ella. 
¿Qué posibilidad había de que una pareja en esas condiciones pudiera engendrar un hijo? Ninguna, según la razón humana. Pero como para Dios no hay límites ni nada imposible, dentro del tiempo planeado, la viejita Sara concibió y dio a luz a su hijo único, Isaac; y de éste nacieron los gemelos Esaú y Jacob, también de una mujer estéril, llamada Rebeca (Genesis 25:21-24).  Este último fue el elegido por Dios para cumplir en Abraham su promesa.
Jacobo tuvo doce hijos en cuatro mujeres: dos esposas que eran hermanas de sangre, Lea y Raquel, y la sierva de cada una.  De estos hijos surgieron doce grandes pueblos que constituyeron la nación de Israel, y de uno de ellos, de la tribu de Judá (el tercer hijo que tuvo con Lea) (Génesis 29:21-35)), nació el Hijo de Dios, un descendiente de los levitas. Dios convertido en hombre, saliendo por la vagina del vientre de una mujer virgen, quien había quedado embarazada sin haber tenido nunca relaciones sexuales con hombre alguno,  cosa también imposible para el humano, miles de años después del pacto hecho a Abraham (Lucas 2:1-52). 
El Cristo llegó a este mundo tal como el Creador lo había prometido en Edén,  y tal cual lo habían profetizado todos los profetas del Antiguo Testamento, cumpliéndose con exactitud hasta el más mínimo detalle prescrito en el plan de Dios, sin violentar el tiempo cronometrado para cada acontecimiento de su primera venida y la puesta en ejecución del plan de salvación, porque en el Padre Celestial no hay coincidencias ni casualidades, sino puros planes (Isaías 7:14; 9:6-7; Lucas 2:6-7). 
Jesucristo vino a rescatar lo que se había perdido en el huerto Edén y a constituir el verdadero pueblo que su Padre Dios había soñado, y  a darle fiel cumplimiento al pacto con Abraham, cuando le dijo que en su simiente  serían benditas todas las naciones de la tierra. Cristo es esta simiente (Gálatas 3:8-9), y todo el que es de Cristo por medio de la fe, pertenece al linaje de Abraham, por tanto es heredero de la promesa (Gálatas 3:29).
 Y con la llegada del mesías prometido, su vida y sus hechos en pro del rescate de la humanidad a través de su sacrificio de sangre, porque por un hombre (Adán)  entró la muerte a todos los seres humanos hasta hoy, entonces, por otro hombre tenía que entrar la resurrección, se cumplió la promesa hecha a Abraham. 

Y este hombre es Jesús ( 1 Corintios 15:21), Enmanuel, Dios con nosotros, el Principado. Aquel engendrado por el Espiritu Santo en el vientre de María, llamado también Hijo del hombre, quien, al cumplimiento total del plan de salvación, murió y fue sepultado, pero al tercer dia resucitó a vida eterna, presentándose ahora como el Árbol de Vida del huerto, con la finalidad de que todos los hambrientos vayan a él y coman, y puedan resucitar a vida eterna cuando él regrese.    
Y  ésta no es la única dádiva que recibe  el y la creyente cuando por fe acoge este tan apreciado regalo de Dios, sino que a la vez,  es resucitado de la muerte espiritual juntamente con Cristo cuando se decide a morir al pecado y a ser juntamente con él sepultado en las aguas del bautizo del arrepentimiento, y resucitado al salir de ellas a una nueva vida, con la disposición de recorrer el mundo de la santidad, porque sin ella nadie podrá ver jamás a Dios y amistarse íntimamente con ÉL (Hebreos 12:14).  Y de esta manera dejar de ser una criatura de Dios para convertirse en su hijo adoptivo, coheredero juntamente con el Señor Jesucristo del reino de los cielos y vivir eternamente con él, disfrutando de su gloria (Romanos 6:3-8). 
Cada criatura de Dios viene a esta tierra a cumplir una misión ajustada a los planes de él. Nada ni nadie llega al azar ni por la casualidad. Todo está fríamente calculado, como diría el famoso Chapulín Colorado, siglos antes de suceder. Cada ser humano es ideado por Dios mucho tiempo antes de nacer del vientre de su madre. Cada uno para una misión especial, con la posibilidad a su alcance de formar parte del pueblo de Dios a través de la fe en su Hijo Jesucristo.
Nunca el propósito de Cristo fue dividir la tierra en diferentes partidos políticos-religiosos, como siempre ha sido y como lo vemos hoy, un montón de religiones que, en vez de mantener unida en amor y respeto a la humanidad, la mantiene separada en una lucha de intereses particulares, odiándose unos a otros y creyéndose los preferidos de Dios, tanto el uno como el otro. Jesucristo no es una religión. Jesucristo es la resurrección y la vida y nadie podrá ir al Padre Dios sino es a través de él. Pues, él es el único camino, la única puerta de entrada, la única verdad y la gran esperanza de vida eterna (Juan 14:6). Fuera de Él solo hay muerte.     
El pertenecer a una religión, llámese como se llame, no llevará a ninguna persona al reino de Dios, no importa lo mucho que haya hecho en su nombre tratando de agradarlo (Mateo 7:21-22). Una relacion íntima y personal con ÉL es lo que espera de los hombres y las mujeres de todos los tiempos.

 Su único anhelo es que nos acerquemos a él con corazón puro y manos limpias, y que le adoremos en la hermosura de nuestra santidad (Salmo 29:2). Que nos acerquemos con confianza por medio de su Hijo Jesucristo (hebreos 4:16), mientras perdure el tiempo de encontrarlo (Isaías 55:6), porque vendrá el día en que las puertas de los cielos serán cerradas para siempre y no habrá más oportunidad. 

Por eso hoy es el tiempo, y hay tiempo para hacerlo (Eclesiastés 1:1-3).  Aún queda un poco para decidirse por la vida. Aprovéchalo, si es que todavía no te has decidido. Date prisa, pues falta muy poco para que la puerta de entrada se cierre para siempre. Este no es un llamado a pertenecer a una religion, sino, a alcanzar la misericordia de Dios y convertirse en su hijo o hija adoptiva/o y heredero de su gracia divina.  
La segunda venida de Cristo a la tierra le pondrá fin a los tiempos del plan de salvación. Este acontecimiento sucederá tal como está escrito en las Santas Escrituras, señalado para los tiempos finales, que hoy ya llevan más de dos mil años que iniciaron y estamos dentro de ellos, desde el día en que él retornó en una nube al lado de su Padre después de su resurrección, donde vivía antes de venir a la tierra, ante los ojos de todos sus discípulos (Hechos 1:1-11).  

Y de la misma manera en que se cumplieron todos los pormenores profetizados desde el inicio de los tiempos en el huerto Edén hasta el dia del  regreso del Hijo de Dios al reino de su Padre, de donde había descendido hacia la tierra, dejando a un lado toda la gloria que tenía en él, para convertirse de un ser inmortal a uno mortal y sufrido, a fin de redimir a la humanidad, así será su segunda venida. Todo se cumplirá a su tiempo, y ahora estamos más cerca que nunca, según nos dicen los acontecimientos (Mateo 24:1-22).
Así como fue su nacimiento silencioso y sorpresivo, cuando sólo una humilde y pobre familia de Belén de Judá lo estaba esperando, así será también su segunda venida, de sorpresa y menos esperada. Esta vez no dejará a un lado su gloria. Bajará a la tierra con todo su esplendor y poder, como Rey de reyes y Señor de señores. El primer resucitado de los muertos. El gran triunfante cubierto de gloria y resplandor divino.   

Pero antes de este acontecimiento, se reunirá en las nubes con  su amada y santa Iglesia a celebrar las bodas del cordero con todos los perdonados y lavados en su sangre, los cuales serán antes transformados en un nuevo cuerpo y vestidos de blanco: primero los muertos, los  que duerme en espera de ser resucitados en la primera resurrección, y luego los que estén vivos en el momento, para ser arrebatados hacia la nubes a encontrarse con su Amado. Todo sucederá  en un abrir y cerrar de ojos, al sonido del toque de una trompeta y a la voz de mando, sin alertar a los renegados de la fe (1 Tesalonicenses 4:16-17)

Luego, Jesucristo, aparecerá junto a su iglesia en las nubes del cielo, con gran majestuosidad, ante la mirada de asombro y de espanto de los ojos de cada humano viviente de los cuatros puntos cardinales del globo terráqueo. Aquellos  que fueron sellados por la bestia. Todos mirándolos al mismo tiempo, en el mismo momento del acontecimiento (Apocalipsis 1:1-7). 

Después, bajará a la tierra con todos los redimidos a instalar su eterno reinado y gobernar durante mil años  a todas la naciones del mundo (Apocalipsis 20:4-6), como muestra de cómo hubiese sido el mundo si la humanidad completa se hubiera sometido en todo a Jehová Dios (YAHWEH ELOHIM), y cómo iban a disfrutar  siempre del único y verdadero gobierno de amor y paz, aquel que les ofreció en el principio y lo rechazaron,  el que más luego fue profetizado por el profeta Isaías (Isaías 65).  
Después de cumplidos estos mil años, vendrá el juicio final, donde los muertos de todos los tiempos que no creyeron en Jesucristo, grandes y pequeños, resucitaran (segunda resurrección), para comparecer ante el gran Trono Blanco de Dios, a fin de ser juzgados por cada una de las cosas que hicieron y por las que dejaron de hacer mientras estuvieron en esta tierra. Hechos que están escritos, con todos sus detalles, en un gran libro, que ese día será abierto en presencia de  todos los acusados. Estos son los que no apreciaron inscritos en el Libro de la Vida.
El único objetivo de este juicio es para que éstos vean que Dios, su creador, es justo y que no quería que nadie se perdiera. Y a la vez sepan que ÉL es fiel cumplidor de cada una de sus promesas, y que son condenados a muerte eterna en el lago de fuego ardiente por sus propias decisiones, no porque al Él se les había antojado (Apocalipsis 20).   
La gran y única verdad de la humanidad es que cada individuo o individua, de toda raza y lengua, estatus social, grandes y pequeños, ricos y pobres, que pasemos por esta tierra, somos  peregrinos enviados por Dios a cumplir una misión especial y que un día debemos volver ante su presencia a rendirles cuentas de cada uno de nuestros hechos mientras estuvimos aqui en la tierra. Esto no es un cuento de hadas, es la única y verdadera realidad de toda la historia de la vida del ser humano. ¡Qué sorpresa les espera a todos los incrédulos!
Si el talento que le dio para que lo pusiera en ejecución al servicio de los demás, lo enterró sin antes producir ningún tipo de fruto, y junto a esta acción obvió las condiciones establecidas para vivir eternamente y que además, no se decidió a comer del pan de vida (Cristo), puede estar seguro o segura que por su propia decisión será lanzado al lago del fuego eterno, como castigo a su desobediencia (Mateo 25:14-30). 
Y esto es lo que muchos no creen y ponen siempre bajo las dudas. Algunos alegan que Dios es amor, y que por tal razón no es posible que nos dé tan cruel castigo, porque Él ama a todos los seres humanos, buenos y malos, ya que todos  son sus hijos por naturaleza, y el es un padre muy amoroso. Y si llegara a hacerlo es porque es malo. Y debido a este razonamiento, nunca buscan la manera de salir de su ignorancia espiritual. Guardan la esperanza de su perdón por amor cuando mueran. 

 Pero los que piensan de esta manera, nunca han leído lo que dice Las Sagradas Escrituras (La Biblia), que, así como Dios es amor (Juan 4:8), es también celoso y fuego consumidor, (Deuteronomio 4:24; 30:30). Que cumple al pie de la letra cada una de sus promesas, tanto las que son de bendiciones para los obedientes, como las maldiciones para los desobedientes. De esto dio muestra cuando bendijo en varias ocasiones a los israelitas, su pueblo escogido, por su obediencia, y en otros momentos, castigándolos por sus tantas infracciones (Deuteronomio 28 y 29).
 Otros dicen que el castigo de la muerte eterna en el infierno es un mito, una fábula o un cuento de camino  para que los tontos e ignorantes y pobres vivan siempre subyugados bajo la autoridad de los mas influyentes, satisfaciendo todos sus caprichos. Pero  ignoran  que pronto se llevarán la más espantosa sorpresa de su vida, donde lamentarán el haber nacido y  desearán que la tierra se los trague vivos, pero  ni para esto ya no habrá tiempo., porque buscaran la muerte y esta huirá de ellos (Apocalipsis 9:6). 
“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.  Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.  Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia (Efesios 5:1-6).

martes, 27 de noviembre de 2018

El Padre Dios busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad.


Introducción 
Dios hizo la naturaleza y todo ser viviente para la honra y gloria de su nombre. Debido a esto, el salmista dice que "los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos".  Los seres humanos somos su gran obra maestra. Nos hizo para que lo adoremos y alabemos en espíritu y en verdad; para que vivamos agradecidos siempre de Él por todas las bondades que nos da cada dia, tanto a buenos como a malos, y para que anunciemos y resaltemos entre nosotros sus hechos. 
En la Biblia encontramos que la adoración está estrechamente vinculada a la alabanza, y la alabanza a acciones de gracias. La adoración sin alabanzas no sería adoración, y la alabanza sin acción de gracias y adoración, no sería alabanza. Por medio de la estrecha vinculación de estas tres acciones honramos a Dios y nos gozamos en Él. Pues, las tres juntas definen la adoración que Dios demanda de sus hijos, los justificados a través de la muerte del Señor Jesucristo en la cruz del calvario y lavados con su sangre.
Los principales personajes bíblicos expresaron su adoración a Dios de varias maneras: a menudo se les ve postrándose ante Dios con temor, para honrarle, adorarle y demostrarle su devoción. También, se les observa ofrendándole regalos especiales, siendo su vida el más importante.  Con la alabanza demostraban quien era Dios y lo que había hecho con ellos. En cada cántico expresaban su carácter a través de todos sus nombres, lo que hizo y lo que hace por sus escogidos.
Muchas iglesias cristianas vienen definiendo el concepto adoración a Dios como la acción que envuelve varias actividades religiosas congregacionales, como: ir con frecuencia a la iglesia, hacer algunas oraciones, cantar cánticos o himnos, escuchar los sermones y participar de la Santa Cena, sin agregarle a todas estas actividades la más importante, una vida diaria de devoción y entrega a Dios en sacrificio vivo, santa y agradable a Él; que es el verdadero culto que debemos brindarles, según sus demandas. 
La auténtica adoración, la alabanza y las acciones de gracias a Dios no dependen del estado de ánimo del creyente ni de sus sentimientos, dependen de su voluntad, de su medida de fe y del nivel de agradecimiento que tenga por todo lo que el Señor ha hecho en su vida; y cuán agradecido o agradecida esté por sus proezas, su amor y su perdón. 
Por esta razón, no debemos esperar que el grupo de alabanza de la iglesia nos animen y nos desafíen para adorar a Dios, y que las canciones que canten nos consuelen y conforten de manera individual. Nuestra adoración, consolación y confort espiritual deben de estar basadas en la Palabra de Dios aplicada a nuestras vidas cotidianas, viviendo una vida digna del llamamiento que hemos recibido en Cristo.  
El tema sobre la adoración y la alabanza en la Biblia es mucho más profundo de lo que alcanza a entender nuestra mente sobre los dos términos. Es un concepto que está íntimamente relacionado con la teología bíblica de la creación, el pecado, el pacto, la redención, el pueblo de Dios y la esperanza futura. Tiene que ver con la manera en que podemos tener una relacion directa y personal con Dios y de la forma que podemos adorarle en todo lo que hacemos y decimos, cada segundo de nuestras vidas.











Conclusión
Analizadas las diferentes referencias bíblicas sobre el tema la adoración y la alabanza, podemos concluir alegando que el concepto adoración debe estar bien definido por cada cristiano o cristiana, ya que muchos creen que a dorar es cantar con algarabía, levantar las manos, aplaudir, ofrendar y diezmar (acciones que han provocado la división de muchas iglesias). Esto sería una manera sencilla y fácil de adorar a Dios, y que cualquiera podría hacerlo.
 No obstante, los adoradores que el Padre Celestial busca son los que le adoran en espiritu y en verdad, en lo íntegro y la hermosura de la santidad.  Por tal razón, la adoración a Dios debe ser nuestras respuestas ante la aceptación de su pacto establecido en su Palabra.
La adoración bajo el concepto de los dos pactos bíblicos es la respuesta del cristiano y la cristiana a la iniciativa del Padre Dios de su revelación y salvación, actuando de la forma que ÉL quiere, no de la manera que a nosotros nos parece o nos hace sentir bien.
Conceptualizada la adoración y la alabanza de esta manera, vale cerrar el tema haciéndonos las siguientes preguntas, con la finalidad de tenerlo siempre presente hasta que nos convirtamos en verdaderos adoradores:
·         ¿Es la adoración una experiencia o un sentimiento?
·         ¿La presencia de Dios en nuestros cultos debe ser definida por el nivel de éxtasis religioso experimentado en el momento por los hermanos y las hermanas o por las expresiones sinceras de humillación y reverencia ante Dios?
·         ¿Qué tan real es nuestra adoración a Dios en cada uno de los momentos de nuestro tiempo congregacional?
·         ¿Deben ser medidos nuestros cultos según el grado en que los participantes han expresado sus alabanzas?
·         ¿Mi estilo de vida cotidiana va acorde con la forma con que adoro y alabo a Dios?
·         ¿Adoro yo a Dios en la integridad de mi santidad?
La verdadera adoración a Dios consiste en mantener una relacion íntima y permanente con ÉL, con actitud continua, sostenida y creciente de: temor, respeto y sometimiento a los términos que ÉL mismo propone y que sólo ÉL lo hace posible; es decir, que debe ser adorado a su manera no a nuestra conveniencia y sentimiento.

martes, 20 de noviembre de 2018

CONOCIENDO LA FE CRISTIANA A TRAVÉS DE LAS EPÍSTOLAS FILIPENSES Y 1 Y 2 DE TESALONICENSES DEL APOSTOL PABLO


Introducción

Filipos, llamada así en honor al padre de Alejandro Magno, quien la invadió en el año 358 a.C. era la ciudad principal de Macedonia Oriental. Estaba situada cerca de Tracia, en una llanura fértil del rio Gangites (Hechos 16:12), a 14 kms del puerto de Neápolis, junto a la Vía Egnatia, lo cual contribuyó en su importancia económica, ya que tenía la carretera principal que unía a Asia Menor con Europa.

Era el primer distrito de los cuatros en que se dividió Macedonia cuando fue declarada provincia romana en el año 146 a.C. (Hechos 16:12b). En su llanura se libró la batalla en que Octavio y Antonio derrocaron a los republicanos en el 42 a.C., y cuando Antonio llegó a ser emperador, bajo el nombre de Augusto, elevó a Filipo a la categoría de colonia romana y le dio el derecho de gobernarse por sus propios magistrados, siendo sus habitantes considerados ciudadanos romanos. 

La mitad de la población era de origen latino (Hechos 16:13) y los demás eran asiáticos (Hechos 16:14). Entre ellos había una pequeña comunidad judía que no tenía sinagoga.

La iglesia de Filipo fue fundada por Pablo y Silas (Hechos 16:9-40 y 1 Tesalonicenses 2:2) en su segundo viaje misionero, en el año 52 d.C. Gracias a una visión que tuvo el apóstol (Hechos 16:6-10) iniciaron aquí la evangelización de Europa. Su primera prédica fue junto al río donde se reunía un grupo de mujeres a orar. Y ese dia tuvieron la primera convertida, una vendedora de purpura llamada Lidia, la cual los invitó a quedarse en su casa.

 Durante su estadía en Efeso liberaron de la servidumbre a una adivina que los asediaban, una esclava de origen griego, cuyos antiguos amos consiguieron después que los cogieran presos, los azotaran y los metieran en la cárcel en una celda de mayor seguridad, con los pies metidos en un cepo, atados con fuertes cadenas.

A media noche, un terremoto abrió todas las puertas de la cárcel, y el carcelero, pensando que se habían fugado, quiso suicidarse, pero Pablo se lo impidió y les predicó el evangelio. Este creyó junto a toda su familia y Pablo los bautizó (Hechos 16:14-33), añadiéndose estos a la lista de los miembros de la naciente iglesia de Tesalónica.   
 
Para los estudiosos de la Biblia, la epístola a los Filipenses es considera como la más preciosa de todas las cartas de Pablo que se han conservado, por lo que algunos le han dado el nombre de “La carta de las cosas excelentes”, basado específicamente en el versículo 4:8. Otros la llaman “La epístola del gozo” por las veces que aparece en ella esta palabra con sus derivados. El gozo que nada ni nadie puede arrebatar.

Esta epístola no es la acostumbrada carta del apóstol para corregir la conducta de la iglesia. Es la carta de un amigo para sus amigos, escrita en un tono de voz tierno y amoroso. Pues, al parecer, era la iglesia que Pablo más amaba, considerada como su gran gozo y corona, porque los había ganado para Cristo. 

Además, era una iglesia que había apoyado su ministerio, pues, siempre lo tenía presente tanto en sus oraciones como en sus necesidades, y le había enviado a al hermano Epafrodito para que le sirviera.

Tesalónica era la ciudad principal de Macedonia y su metrópoli, ya que en ella se encontraba una base militar y nabal de Roma. Estaba ubicada en la costa del golfo de Salónica, en la vía Ignacia (la carretera que unía a Roma con Bizancio), reuniendo las condiciones para la visita de los misioneros cristianos.

Pablo con su equipo llegó a esta ciudad en el año 50 d.C. en su segundo viaje misionero. Durante su permanencia de tan solo tres semanas predicó el evangelio de Cristo, dejando instaurada una comunidad cristiana, en su mayoría nuevos creyentes paganos. Su estadía tan corta fue debido a la oposición de un grupo de judíos que procuraban matarlo. Por lo que tuvo que huir de esa ciudad hacia Atenas, dejando al grupo de los nuevos conversos sin un adoctrinamiento sólido. 

Ya en Atenas, les envía a Timoteo, un colaborador de su ministerio, para que los afirmara en la fe y los animara, a fin de que no dejaran el evangelio, ya que también contra ellos se había desatado una persecución por el mismo grupo de opositores, llegando hasta morir algunos de ellos.  Y a pesar de todo esto la comunidad se mantenía firme en la fe, llegando a ser ejemplo para las demás iglesias cristianas de la región. 

Pablo, como no podía ir en persona a Tesalónica por precaución, decide escribirles cuando Timoteo regresa y les trae la noticia de cómo ellos soportaban con paciencia todos sus sufrimientos por la causa de Cristo, y su fe, que, en vez de menguar, se hacía más fuerte cada vez más, a pesar de los inconvenientes.

 Entonces, les escribe dos cartas para animarlos con su experiencia y padecimientos durante el ejercicio de su ministerio. Y en ambas los motiva a mantener su salvación creciendo cada vez más en santidad, ya que la salvación no era para todo el mundo, y ellos habían sido escogidos por Dios desde el principio para ser salvos.

 A la vez, procuraba consolarlos porque estaban muy tristes por los que habían muertos a causa de la persecución. Les habla de la esperanza del cristiano cuando moría y de cómo será recompensado en la segunda venida de Cristo, junto a los que estén vivos y firmes en la fe. Tema que hace que estas dos cartas sean consideradas apocalípticas. 

También les escribe, por segunda vez, porque se había enterado de la vida desorganizada de algunos de ellos, que eran holgazanes y se metían en lo ajeno, y que querían vivir de la iglesia sin trabajar. A estos les ordena en el nombre de Jesucristo que trabajen para que coman de su propio pan y cubran todas sus necesidades; y que, debido a esa situación, los demás no dejaran de hacer el bien.



 

Conclusión 

La Palabra de Dios es viva y eficaz en todos los tiempos. Es viva, porque todavía hoy, en ella podemos, a más de dos mil años de los últimos acontecimientos bíblicos, encontrar vida eterna e huir de la ira venidera del juicio de Dios.

 Es eficaz, porque todo el que en ella busca a YAHWEH ADONAHIM (Jehová Dios) con humildad, sinceridad y necesidad, aún en estos tiempos, lo puede encontrar, mientras esté a tiempo para hallarlo. 

Las epístolas del apóstol Pablo son ricas fuentes para conocer la Palabra de Dios, para aprender a vivir la vida que le agrada al Señor; a vivir como es digno del gran llamamiento que nos ha hecho el Señor Jesucristo a través de su preciosa y valiosa sangre derramada en la cruz del calvario por nuestros delitos y pecados. 

En cada epístola paulina podemos encontrar el código de ética del cristiano, la doctrina de la fe verdadera y el estilo de vida que Dios quiere y exige de todos los que han recibido la adopción de hijo o hija por medio de Cristo, ya que no es lo mismo llamarse cristiano a ser en verdad cristiano. 

Pablo nos enseña que el verdadero cristiano o cristiana está llamado a ser más que un simple religioso. Ha recibido un llamamiento para ser santo o santa, que significa estar separado del mundo para agradar a Dios, aun viviendo en medio de él, si es que ha sido sepultado y resucitado juntamente con Cristo a través del bautizo del auténtico arrepentimiento y ha nacido a una nueva vida creada por la voluntad de Dios no por la de los hombres. 

 Aquella que se ha despojado de su vieja manera de vivir en la carne bajo la esclavitud de las pasiones desordenadas y se ha vestido de Cristo para llevar una vida nueva en el fruto del Espiritu Santo e ir creciendo en santidad hasta que sea redimido por Él en su segunda venida. 

Todas las cartas que nos aparecen registradas en la Biblia merecen nuestra detenida atención, ya que cada una de ellas también están personalmente dirigidas a los creyentes en Cristo de todos los tiempos. A los que realmente buscan el rostro de Dios y hacen el esfuerzo para seguir las enseñanzas de Jesucristo al pie de la letra.

Pues ¿no decimos que somos cristianos? De ser así, démosle carácter al llamamiento que de Cristo hemos recibido y vivamos como es digno de él, pues, sin santidad nadie verá a Dios (Hebreos 12:14). Y si alguien no lo ha recibido aún, ahora es el tiempo.


martes, 13 de noviembre de 2018

APRENDIENDO DE LAS EPÍSTOLAS DE PABLO: EFESIOS Y COLOSENSES

Introducción
La primera visita del apóstol Pablo a la ciudad de Éfeso, ubicada en Asia Menor, en su segundo viaje misionero, fue de tres meses (Hechos 18:19-21). Durante ese tiempo dejó establecida la iglesia. Ya en su segunda visita, en su tercer viaje, permaneció tres años. La obra que inició en este lugar fue continuada por Apolos, Priscila y Aquila (Hechos 18:24-26).
Durante los tres años que duró en Éfeso extendió el evangelio por toda Asia Menor. La Palabra de Dios creció poderosamente y prevaleció en todas las ciudades de la región, a pesar de la oposición y persecución de los judaizantes. (judíos cristianizados que enseñaban que la salvación dependía del cumplimiento de la Ley Mosaica, por lo que todo gentil que se convirtiera debía circuncidarse y someterse a sus preceptos).
El libro de Efesios, más que una carta, es un tratado epistolar, quizás dirigida a los cristianos de todas las iglesias de Asia Menor especialmente a los gentiles (Efesios 2:11,19).
Su principal objetivo tiene dos vertientes: una,  asentar las bases de la doctrina de la fe y su puesta en práctica en la región, y la otra, definir la causa, misión y fin de la verdadera iglesia de Cristo. 
Se cree que fue escrita en la misma fecha que Colosenses y Filemón en el año 62 d.C. aproximadamente. Las tres cartas fueron enviadas con los mismos mensajeros (Efesios 6:21-22; Colosenses 4:7-9; Filemón 12,23,24). Son llamadas “Cartas del Cautiverio” por haber sido escritas en el primer encarcelamiento de Pablo en Roma.
A diferencia de las demás cartas paulinas, Efesios no contiene exhortaciones de carácter personal y no fue escrita para corregir problemas doctrinales en la congregación.  Se cree que es una carta circular dirigida a varias iglesias cuyo punto de partida era Efeso.
Esta epístola, junto con Colosenses, resalta la verdad de que la Iglesia es el cuerpo del que Cristo es la cabeza. A pesar de que esta verdad, Pablo, ya se la había mencionado antes a los romanos y a los corintios, pero no con la profundidad con que se la resalta a los efesios.
Efesios y Colosense son los libros que contienen la palabra revelada más elevada, pues presentan al cristiano sentado con Cristo en los lugares celestiales, y a la vez, lo exhortan a vivir según este elevado y supremo llamamiento.
Esta carta, Efesios, junto a Romanos y Hebreos, es una de las torres doctrinales de mayor relevancia del Nuevo Testamento, pues, contiene la doctrina más importante sobre la fe cristiana.

Epístola a los Colosenses 
Colosa era una ciudad de Asia Menor, específicamente de Frigia, situada en un cerro, cerca de la confluencia de los ríos Lico y Meandro, a 16 km de Laodicea y 21 kms de Heliópolis (Colosenses 2:1; 4:13,15), y a unos 200 metros del este de Éfeso. Por lo que un viajero podía visitar las tres ciudades en un dia.
Colosa, Laodicea y Heliópolis formaban una federación. Los colosenses vivían de la fabricación de vinos y tenían una industria de lana, donde se hacían tejidos de color purpura llamado colosenses. Entre las tres era la de menor importancia. Y en los tiempos de Pablo era solo una villa de casas campestres.
La iglesia de los colosenses se cree que fue fundada por Efrapas, un natural de esa ciudad, discípulo de Pablo (Colosenses 1:17), ya que al parecer el apóstol nunca pudo estar en Colosa (Colosenses 2:1); y le escribe, primero, como apóstol de Cristo a los gentiles, y segundo, para apoyar las enseñanzas de Epafras, quien le había comunicado sobre algunas situaciones doctrinales que se estaban dando en la iglesia.
 Pues, se habían infiltrados falsos maestros y estaban enseñando filosofías humanas que alegaban que Cristo era inferior a todos los seres que rigen el universo, los llamados “elementos del mundo”, poniendo en tela de juicio la Deidad de Jesucristo.
 A la vez, querían imponer la doctrina de la circuncisión y sembraban la duda en los creyentes sobre el apostolado de Pablo. Se cree que fue escrita en los años 61 o 63 d.C. durante el encarcelamiento de Pablo en Roma.
El tema central de esta carta es “el lugar de Jesucristo entre los poderes del universo en la naturaleza y en la historia” (Colosenses 1:15-17). Destaca con claridad la supremacía absoluta de Cristo sobre todas las cosas y sobre los ángeles. Nadie puede ser comparado con Él, ya que todos los poderes están sometidos a él bajo sus pies.
Colosenses contiene un extracto de los temas doctrinales y las exhortaciones que Pablo escribió a los efesios.  


Conclusión
Tanto en la carta a los Efesios como en la de los Colosenses, el apóstol Pablo motiva a los cristianos a vivir una vida a la altura del llamamiento de Cristo. Que cada una de las actitudes de su vida cotidiana motive la alabanza al Señor, ya que todo lo que haga debe hacerlo para agradar a Dios.
 Debe, además, procurar llevar frutos en toda buena obra, crecer cada dia en el conocimiento del Hijo de Dios y fortalecerse en su poder; y a la vez, darle gracias por todo con gozo y alegría del corazón.
El deseo del apóstol era que todos los cristianos anduvieran como es digno del Señor Jesucristo. En cada epístola muestra como ora por cada iglesia, a fin de que cada miembro junto a sus líderes tenga un buen comportamiento y un estilo de vida que esté a la altura de la confesión de su fe.
Como la Palabra de Dios es viva y eficaz, estas exhortaciones de Pablo son también para todos los creyentes y discipulos de Cristo de este tiempo. Por lo que debemos someternos a todo lo que él dice, si queremos tener una vida plena en Cristo.


¡Imposible no verte!