jueves, 14 de febrero de 2019

LA MEJOR NOTICIA DE TODOS LOS TIEMPOS, QUE MUCHOS NO LE DAN IMPORTANCIA





EL DISCÍPULO DE CRISTO COMO EVANGELISTA

La evangelización es el acto de anunciar el EVANGELIO DE JESUCRISTO (LAS BUENAS NOTICIAS DE SALVACIÓN) que obedece a un proceso basado en principios, métodos, estrategias y técnicas, con el objetivo de brindarle la oportunidad a otros de recibir la gracia redentora de Cristo. Su meta es persuasiva para niños, mujeres y hombres; motivándolos, además del arrepentimiento, a convertirse en sus discípulos, personas que sirven con verdadero amor, entrega y respeto en la comunión de la Iglesia de Cristo ( asamblea de todos sus creyentes) como criaturas santas que han nacido de nuevo.
Es el llamado que Jesucristo les hace a todos sus seguidores, que han recibido por gracia su salvación. Esto significa que no es una cuestión opcional, si evangelizamos o no. Es un deber hacerlo (Mateo 28:18-20); sin egoísmo ni intereses particulares, ni mucho menos pensando en llenar de adeptos los asientos de la iglesia X para la recolección de muchas ofrendas. Esto sería blasfemar la Palabra de Dios. 
La evangelización es una actividad conjugada en una serie de acciones, las cuales hacen posible que el evangelio llegue a todo el mundo, pues, debe ser predicado a todas las naciones y pueblos, razas y lenguas, a fin de que Cristo avive su regreso por segunda vez a la tierra, ya que no vendrá antes de que el planeta completo lo conozca y sepa que él es el Señor (Mateo 24:14).  Aunque no todos lo reciban como su salvador ni crean en la validez de esta noticia.
El evangelismo, desde los tiempos bíblicos, es sometido a dos métodos: el evangelismo personal y el evangelismo en maza.  El evangelismo personal es compartir el evangelio directamente con una persona. Su éxito dependerá de la estrategia y técnicas utilizadas, la actitud y las vivencias del evangelizador.
El evangelismo en maza es la predicación o enseñanza del evangelio a pequeños y grandes grupos de personas, tales como: grupos de células (encuentros en hogares de un grupo reducido de personas), campañas de cruzadas evangelísticas (en mazas), redes sociales y diferentes medios informativos (libros, revistas, periódicos, radio, televisión...)
  En el Nuevo Testamento, la palabra evangelización está conceptualizada en cinco acciones estratégicas:
1.    Dar testimonio de Cristo. Esto es “testimoniar” que él es el Mesías prometido, de quien hablaron los profetas. La simiente de Abraham. El Hijo de Dios; quien, a la vez, era el mismo Dios que estuvo en la tierra; y que después de morir y ser sepultado con los muertos, resucitó al tercer dia (Hechos 3:25; 13:15; Gálatas 3:16; Juan 1:1-3)   

2.    Ser testigo de LAS BUENAS NOTICIAS DE SALVACIÓN que Jesús trajo a este mundo, siendo él el propiciador de esa salvación, diseñada desde antes de su venida y anunciada por los profetas. Esto es “atestiguar”, o sea, ser declarante y copartícipe de su evangelio de salvación para los que creen(Hechos 1:8; 8:26-37).
3.    “Compartir” LAS BUENAS NOTICIAS DE SALVACIÓN con todo el mundo, sin importar su etnia, creencias, estatus social y linaje (Mateo 28:18-20; Hechos 11:9-18).

4.     Anunciar el evangelio en todo lugar. Esto es predicar, mostrárselo o enseñárselo a todo pueblo y nación (Mateo 24:14).   

5.    Dar seguimiento a todo el que creyere, a fin de fundamentar su fe y enseñarlo a guardar y aplicar a su vida las enseñanzas de Jesucristo, convirtiéndose en un discípulo fiel, capaz de enseñar a otros (Hechos 15:36).
¿Cómo evangelizaban los primeros discípulos de Jesucristo?
1.    Predicaban y enseñaban el evangelio con poder y autoridad del Espíritu Santo (Hechos 4:31; 13:52).
2.    Testificaban de Jesucristo con sus actitudes, estilo de vida social (compartían todo lo que tenían y comían juntos) y su forma de adorar a Dios. Tenían el favor con todo el pueblo (Hechos 2:43-47; 4:32-34).
3.    Compartían el evangelio donde quiera que llegaban por encima de las persecuciones, encarcelamientos, azotes, amenazas y pena de muerte (Hechos 4:1-22; 7:55-60; 8:1-4)
4.    No podían dejar de decir lo que habían visto y oído del señor Jesucristo, por más azotes que le dieran y las amenazas de muerte (Hechos 4:1-21)
5.    Oraban sin cesar todos juntos, para que todos hablaran con denuedo y no tuvieran miedo al predicar el evangelio (Hechos 4:23-31).
6.    Hacían milagros y grandes prodigios, y daban testimonio de la resurrección de Cristo, a pesar de que los principales de la ciudad se lo tenían prohibido (Hechos 5:12, 15-16).
7.    Todos los días enseñaban y predicaban a Cristo en el templo y por las casas (Hechos 5:42)
8.    Eran ejemplos vivos de amor, santidad y respeto, de su fe común en Jesús, y del dominio de Las Escrituras.

¿Deben todos los creyentes en Cristo evangelizar a otros? ¿Por qué?
Es un deber de cada creyente evangelizar a otros por las siguientes razones:
a)     Porque hemos sido escogidos para anunciar las virtudes de Cristo, quien nos ha llamado de las tinieblas a la luz admirable (1 Pedro 2:9).
b)    Porque el evangelio del reino de Dios debe ser predicado en todo el mundo para testimonio a todas las naciones, para que luego llegue el fin (Mateo 24:14; Marcos 13:10; 16:15).
c)    Porque Jesús y sus discípulos iban por las ciudades predicando el evangelio del reino, y hemos sido llamados a imitarlos en todo (Lucas 8:1).
d)    Porque los primeros cristianos iban casa por casa y a todo pueblo y ciudad anunciando y enseñando el evangelio de Cristo, como pueblo de Dios, y así debemos hacer nosotros (Hechos 14:21; 15:35)  
e)    Porque el evangelio es poder de Dios para salvación a todos los que creen, sin importar su raza, lengua ni estatus social (Romanos 1:16).
f)     Porque Jesucristo nos envía a predicar su evangelio en todo lugar (Marcos 16:15).
g)    Debemos predicar el evangelio para hacernos copartícipe de él, porque es poder de Dios (1 Corintios 9:23).

¿Cuál es el perfil del discípulo que evangeliza a otro?

§       Una persona que conoce al dedillo, entiende y vive el evangelio de Cristo.
§      Es un conocedor de las Escrituras y vive escudriñándola sistemáticamente todos los días. 
§      Siente compasión por las personas que se pierden y viven bajo la esclavitud de los deseos de su carne y la vanidad de su mente.
§      Persona extrovertida, comunicadora, que habla con coherencia y dominio de la palabra.
§      Respeta las creencias y las opiniones de los demás. Practica la tolerancia. 
§      Busca el poder del Espiritu Santo a través de la oracion ferviente y una vida de devoción personal con Dios.
§      Persona piadosa, que paga lo que debe, y que es irreprensible en todo. De buen testimonio. Amante de la paz.
§      Vive conforme al fruto del Espíritu Santo que es el amor, desechando los deseos pecaminosos de la carne (Gálatas 5:19-23).
§      Persona sabia y prudente, no se deja envolver por discusiones ineficaces. Tiene dominio propio.
§      Sabe escuchar y evitar el enojo cuando le contradicen lo que enseña. Tiene control de si mismo.  
§      Evita las palabras necias y las discusiones no provechosas. Actúa con sabiduría, sabe cuando debe terminar su plática.  
§      Respeta las autoridades tanto eclesiásticas como civiles y militares, y de las institucionales, pueblo o país donde se encuentre.
§      Persona mansa, amable y humilde, evangeliza con amor, respetando el tiempo, el espacio y el derecho de los demás.

¿Cuáles son los tópicos principales del evangelio?
Para el discípulo evangelizar debe primero conocer los tópicos principales que definen el evangelio de Cristo, a fin de poder enseñarlos sin exageración ni quitarle ni ponerle ningún detalle. Pues, las Escrituras deben ser enseñadas tal cual es su intención comunicativa para lo que fue escrita. La Biblia (conjunto de libros pequeños) no es de interpretación privada, ya que ella misma es explicativa entre sí, solo hay que estudiarla con un plan sistemático y temático a la vez, con profundo respeto, tratando de buscar y conocer la verdad de los hechos.
El evangelio es un plan sistemático muy bien diseñado por el Padre Dios. Definido a la perfección en actos organizados en tiempos, espacios y épocas, con estrategias y metodologías bien claras y temáticas puntuales, que se cohesionan entre si de manera perfecta y coherente, a fin de que todos los humanos, pequeños y grandes, de todos los tiempos, culturas y razas, tribus, pueblos y naciones, puedan entenderlo perfectamente. Nadie tiene que añadirle ni quitarle nada. Y si lo hace debe abstenerse a las consecuencias descritas en el libro de Apocalipsis 22:18-19.
Los ejes temáticos que envuelven la evangelización son hechos que están organizados de la siguiente manera, ninguno precede al otro. Unos ya sucedieron, y otros aún no.
1º.  Dios es el creador del universo y de todo lo existente; los hizo para la honra y gloria de su nombre (Génesis caps. 1 y 2). 

2º.  Dios Creo al hombre y a la mujer perfectos, inocentes y buenos. Y eran sus apreciados amigos.

3º.  La desobediencia del hombre (Adán y Eva su mujer) a la ordenanza de su Creador, hizo que fuera vendido al pecado y condenado a tres muertes: espiritual, física y eterna. Y en esta venta fue incluido todo ser humano de todas las épocas y rincón del mundo (Genesis cap. 3). Convirtiéndose todos en enemigos de Dios.

4º.  El Padre envió a su Hijo Cristo a la tierra por amor, para pagar el precio del rescate de la humanidad perdida por sus pecados. Éste fue prometido a Adán, el dia que desobedeció (Génesis 3:15; Juan 3:16). Y ahora  Dios estaba cumpliendo con su promesa.

5º.  Jesucristo siendo Dios, habitó entre los humanos como hombre, para darnos a conocer el reino de su Padre y el plan de salvación, y para que volviéramos a amistarnos con ÉL

6º.  Fue torturado, vituperado y condenado a muerte de cruz, para el perdón de nuestros pecados.

7º.  Fue crucificado y sepultado, para que nosotros sepultemos junto con él nuestros delitos y pecados.

8º.  Al tercer dia resucitó, venciendo a la muerte, para que nosotros resucitemos con él a vida eterna, seamos nuevas personas, y alcancemos la vida eterna. 

9º.  Ascendió al cielo en una nube, y hoy está a la diestra del Padre intercediendo por sus discípulos.

10º.       Así como ascendió, así mismo volverá a buscar a los redimidos con su sangre y a establecer su reinado con ellos. Y a la vez, viene a juzgar a los que no creyeron al evangelio, grandes y pequeños (los que no resucitaron en la primera resurrección). Estos, después del juicio, serán lanzados al lago de muerte eterna, donde la muerte no tendrá pode sobre ellos.

 "Esta es la buena noticia de todos los tiempos" 

En síntesis, la evangelización es un acto puramente cristiano, ejecutado por los seguidores del Señor Jesucristo; aquellos creyentes que realmente sienten y entienden su llamado, que se someten a sus enseñanzas y quieren compartir con otros lo que por gracia Él les ha dado.
La evangelización no es una acción que depende sólo de la buena voluntad y el deseo de hacerlo. Es una actividad que no se debe hacer al azar. Primero hay que planificarla con mucho cuidado, ya que es un proceso que está sometido a unos principios bíblicos y cristianos, y como todo proceso, debe obedecer a unas estrategias y técnicas, a fin de alcanzar los objetivos planteados.
En segundo lugar, el que va a ejecutar la acción de evangelizar debe conocer primero el terreno donde va a sembrar: sus creencias, su cultura y sus costumbres, a fin de hacer uso de la metodología y las técnicas adecuadas para poder cosechar buenos frutos, ya que no todos los terrenos son iguales ni en todos germina la semilla, y aunque llegue a brotar, no crece. El hacer que crezca viene de Dios, no del sembrador. Pero, por encima de todo esto hay que anunciar el evangelio. 
Es oportuno cerrar este análisis con una de las ideas del escritor cristiano MacArthur, John (2011), el cual dice en su libro “La evangelización”, “que si todos los  creyentes en Cristo pensáramos detenidamente en la profundidad y el valor del evangelio para la vida de todo ser humano, y si tomáramos en cuenta  su significado, sus implicaciones, su simplicidad, su libertad y la bendición eterna que recibe todo aquel que lo acepta, el urgente deseo de compartirlo con otros sería irresistible”. Donde quiera que nos encontráramos, no pararíamos de predicarlo.
Esta es la razón – agrega- de que los nuevos convertidos al evangelio son los evangelizadores más apasionados, que, con escasos conocimientos sobre La Palabra de Dios y de la fe cristiana, les hablan a otros con mayor facilidad del gran amor de Dios que han recibo en sus vidas. De ser así, abracemos nuestro primer amor y no lo soltemos nunca, para poder hacer lo que nuestro Señor Jesucristo nos ordena, 


“Evangelizar es como un limosnero diciéndole a otro limosnero donde conseguir pan” D.T. Niles (1908-1970),






miércoles, 13 de febrero de 2019

EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA PALABRA DISCÍPULO


¿Qué significa ser un discípulo?

El término discípulo viene de la voz griega “mathetes”, que significa aprendiz, alumno o partidario. Los griegos usaban este término para referirse a uno que aprende, y en un nivel más comprometido se reseñaba a un “partidario”. Los Sofistas usaban el término para referirse a un “estudiante institucional”, es decir, que estaba matriculado en un centro de estudios. En los tiempos de Jesús se usaba en el Helenismo para referirse simplemente a un “aprendiz”, pero, aparentemente con mayor frecuencia a un “partidario” de un maestro sabio.

En este nuestro tiempo, el término discípulo es más usado para referirse a los sabios de la antigüedad que aprendieron en la escuela de un gran maestro; como es el caso de Platón y Aristóteles, por citar un ejemplo; o para mencionar a aquel partidista que siguió las ideas de algún pensador. Por ejemplo, los dominicanos, cuando nos referimos a los patricios Francisco del Rosario Sanchez y Matías Ramón Mella, los resaltamos como discípulos de Juan Pablo Duarte, porque siguieron sus ideas independentistas.

 Entre los cristianos, este concepto es muy mencionado porque siempre se hace recuento de los doce discipulos y sus hazañas, mencionados en la Biblia. Aquellos que, durante tres años estuvieron al lado de Jesús, el maestro por excelencia de todos los tiempos; escuchando y aprendiendo sus enseñanzas, y poniéndolas en práctica. Fueron los aprendices que más adeptos conquistaron para la escuela de Jesucristo, después de que éste subió en una nube al lado de su Padre.

Después de la ascensión de Cristo, estos continuaron divulgando sus conceptos sobre el reino de Dios y predicando el perdón de los pecados por medio de la sangre derramada de Jesús en su muerte de cruz; capturando así miles y miles de nuevos creyentes (Hechos 6:7; 8:1-3), bajo una gran persecución: encarcelamientos, azotes y muertes de algunos, que se desató contra ellos por predicar la resurrección de Jesús. Y después de bautizarlos, los convertían en discipulos, haciendo lo mismo que su Maestro hizo con ellos. Luego, estos ganaban también a otros, y de discípulos pasaban a ser maestros; formando con esta dinámica un gigantesco espiral que ha llegado hasta nuestros días, constituyendo lo que hoy se conoce con el nombre de cristianismo.    

 El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define el discípulo como la persona que se sienta a aprender una doctrina, ciencia o arte bajo la dirección de un maestro. También, lo describe como el que sigue la opinión de una escuela, aun cuando viva en tiempos muy posteriores a los maestros que la fundamentaron. Por el ejemplo, el discipulado de Aristóteles, el de Platón y el de Epicuro.

Según el Nuevo Testamento, un discípulo es la persona que sabe con certeza que Jesús es el Cristo, el enviado de Dios a la tierra como su único Hijo, con el propósito de que todo el que crea en sus palabras y lo reciba, sea liberado de la muerte espiritual y de la muerte eterna (Juan 3:16). Para que sean totalmente libres a través de la única y auténtica verdad de la humanidad, Jesucristo (Juan 8:32).

Un discípulo de Cristo es un aprendiz que se ha sentado a escuchar las enseñanzas de Jesús sobre el reino de Dios, los prodigios y milagros que hizo aquí en la tierra, su estilo de vida como hombre, sus padecimientos en la cruz por el rescate de la humanidad perdida en el huerto Edén, cuando Adán y Eva desobedecieron las ordenes de Dios, su creador (Genesis 3:1-24).

Es una persona (niño, joven, adulta o anciano) que está convencida que Jesús es su salvador, porque reconoce que también es pecador/a (Romanos 3:23), y que sólo Cristo puede salvarla, y nadie más.  Por eso lo sigue arrepentido/a de sus pecados y agradecido/a porque él lo ha perdonado/a, le ha dado una vida nueva por medio de la fe (2 Corintios 5:17), aunque no lo vea ni nunca haya estado cara a cara ante su presencia y sean de épocas muy remotas, una de otra.  

El discípulo de Jesús está convencido que su maestro no está muerto, que resucitó a los tres días de ser sepultado (Mateo 28:6-7). Cree a ciegas que está vivo, sentado a la diestra del Padre celestial (Hechos 7:55), pendiente de todo lo que hace y dice cada uno de sus discípulos, y de cómo administran sus vidas aquí en la tierra. Así lo afirma las Santas Escrituras. No es un cuento de camino.

Por tal razón, ese discípulo habla todos los días con él. Busca su rostro cada mañana a través de la fe. Escudriña las Escritura para saber más de él; y tiene pendiente el servicio a su prójimo con amor y respeto, como lo hizo su maestro. Por fe sigue sus ideales y enseñanzas porque quiere ser como él, vivir por él y para él. y por fe las sigue compartiendo.

 Esta convicción lo ha llevado a convertirse en un obrero más del reino de los cielos, en obediencia al mandato del mismo Cristo (Matee 28:18-20), llevando el evangelio a donde quiera que llega, tratando de imitarlo en todo, porque sabe que su redentor vive y que un dia lo levantará de su tumba para llevarlo al encuentro con él y vivir para siempre a su lado.

El Nuevo Testamento nos enseña que para ser un discípulo de Jesucristo antes hay que dar cinco pasos:

1º.  Ser salvo por Cristo, es decir,  sentir dolor por los pecados y arrepentirse de ellos (Todos los humanos por naturaleza somos desobedientes a Dios), y luego ser bautizado en las aguas del arrepentimiento públicamente (Marcos 16:15-16).

2º.  Entender el plan de salvación y estar seguro de que es salvo por Cristo (Romanos 8:1).

3º.  Tener una vida devocional personal, permanente, en privado con Dios, a través de la oración, la adoración genuina y las alabanzas (Juan 4:24; Salmo 63:1).

4º.  Dar evidencias de su salvación con su forma diaria de vida pública, al estilo de Cristo (Gálatas 2:20).

5º.   Ser un fiel estudiante y conocedor de la Palabra de Dios (1Timoteo 3:14-17) .

El verdadero discípulo no sólo cree en los ideales de su maestro, sino que los pone en práctica y los comparte con otros, y los defiende hasta lo sumo. Además, habla, actúa y camina sobre las huellas de su maestro hasta la muerte. Nadie le hace cambiar de idea, porque lo sigue por convicción no por cultura ni tradición, y por la experiencia vivida junto a él.  

miércoles, 6 de febrero de 2019

EL MUNDO NO DEJA DE GIRAR AUNQUE LE DE DURO LA TORMENTA





Ciclo vicioso de la vida

Los segundos marchan tras cada minuto.
Junto a sus eternos compañeros:
los días, los meses y los años,
como soldados que van a la guerra,
como aves de paso que huyen de la tormenta.

El almanaque se va lentamente desojando,
como árbol que en cada estación
se viste de traje nuevo.
Nada lo intimida.
Nada ni nadie interrumpe su paso.

El sol se acuesta sin ningún apuro,
y con él se cierran las ventanas del alma,
para luego ser abiertas de par en par
al escuchar el canto de las avecillas
y sentir el abrazo fuerte del sol radiante
anunciado una nueva mañana.

La sobrevivencia vuelve a su lucha intensa.
La faena a su nueva y exagerada carga.
El caminar de prisa de cada alma,
Llevándose el mundo por delante
Como si no volviera un mañana.

Lucha el grande, lucha el chico.
El débil y el fuerte hacen peleas
La victoria es para aquel gigante.
que supo enfrentar sus miedos.
y que el tic tac de su reloj
siguiera en marcha.

Y así la vida cumple su ciclo
una vez tras otra vez,
con su misma danza alrededor de su eje,
aunque una parte del mundo se desplome
y los vivos lloren a sus muertos.

La calma llega tras cada tormenta.
El mundo sigue su agitado paso.
Una nueva generación llega,
al compás de otra
que para siempre se aleja.

Y en esa dinámica
Se nos va el tiempo.
Las manecillas del reloj
siguen su paciente juego.
Caminan una tras otra
Sin ningún apuro.

Sólo se detiene el reloj bilógico,
para aquel que ayer dijo presente
y hoy aparece ausente.
Las ventanas del alma
se les han cerraron para siempre.

Cada día que sobrevivimos
Es un regalo del Dios Viviente.
Despertar cada mañana
es designio de su voluntad.
Agradecerle cada minuto
Debiera ser un rutinario deber.
 

 Guillermina Izquierdo Reinoso

martes, 18 de diciembre de 2018

EN DIOS NO HAY COINCIDENCIAS NI CASUALIDADES, HAY PLANES

 El Padre Celestial, dador de vida, es un Dios de orden, que se sienta a diseñar planes para el cumplimiento de cada uno de sus pactos en pro del ser humano, pues es un Dios totalmente ordenado que trabaja en equipo. Nada deja al azar ni a la casualidad. 
Como creador, lo vemos en la Biblia, en los primeros capítulos del libro de los principios, Génesis, siguiendo un orden para la creación de cada elemento del cosmos, según su prioridad, con toda calma y pasión, sin violentar ningunos de los pasos del plan que había diseñado con anterioridad y siguiendo uno por uno sus objetivos, cada uno dentro del tiempo previsto.  

Lo primero que vio fue que la tierra necesitaba ser iluminada, ya que todo estaba envuelto en tinieblas y muy desorganizado, para luego poder meter dentro de su orden todo lo que había sido desarreglado, antes de meterse de lleno en la creación de los elementos que les hacían falta. Por tal razón,  su primera actividad fue separar la luz de las tinieblas, pues, su meta era preparar un escenario perfecto de acogida a su principal objetivo, la creación del ser humano, su gran obra maestra, fin último de todo lo creado, en quien depositaría todo el amor que tenía acumulado para darle.
Todo lo hizo bueno y perfecto: el universo con sus leyes inquebrantables, la colorida y hermosa natura siguiendo su ciclo de vida de estación en estación en cada una de las criaturas creadas; el hombre y la mujer perfectos, puros, inocentes y sanos, muy parecidos a Él, para que, con respeto y sometimiento a cada uno de sus mandatos, principios y leyes, subyugaran la tierra y la llenaran con el fruto de sus vientres; la disfrutaran al máximo y vivieran para siempre, dándole toda honra y gloria a su creador y correspondiendo, con alegría y gozo de corazón, al gran amor que les daba.     
Pero no todo sucedió como lo había planeado. El hombre y la mujer que creó con tanto amor y esmero, usando sus propias manos, tomaron la decisión de caminar en direcciones opuestas a las de su amoroso creador, ya que les dio la total libertad para tomar sus propias decisiones. Pretendía que, todas las elecciones que tomaran, lo hicieran por amor a Él en plena libertad. 
Estos violentaron la relación íntima que tenían con ÉL, y con esta rotura quebrantaron todos los beneficios que esta gran amistad les brindaba, al desobedecer la única condición que les había dado, a fin de que no murieran y volvieran al polvo del que los había hecho. Esta ordenanza era encilla, pues  consistía simplemente  en no comer del árbol prohibido que estaba en medio del huerto (un fruto real no simbólico). De todos los demás podían comer, que eran más y de todas la variedades, también muy atractivos  a la vista. 

Aquel árbol tenía el germen del conocimiento del bien y del mal, que no estaba muy distante del llamado árbol de la vida, del que sí podían comer y convertirse en inmortales (Génesis 2:15-16; 3:1-6, 24), pues su fruto llevaba el germen de la vida eterna. Pero éste nunca atrajo la atención de Adán y Eva, como es común en todos los individuos de todas las épocas,  dejarse llevar siempre por todo lo prohibido e inclinar su alma a hacer el mal. Prefirieron prestarle atención al árbol de la muerte y comer de su fruto, por lo que un  dia tuvieron que volver a ser polvo.  
Influyó más en ellos la avaricia, la codicia y la glotonería del opositor de Dios, Satanás, quien los engañó con sus mentiras, al insinuarles que Dios era un mentiroso, porque si comían del árbol no iban a morir sino que serían igual a Él, en el conocimiento del bien y del mal, que el amor tierno e intenso que el Creador les había entregado. Y de esta manera se vendieron así mismos al pecado, y junto a ellos, entregaron a la humanidad por sus generaciones, presentes y futuras, condenándolas a la muerte espiritual, física y eterna.  

Pero como el Creador es un Dios amoroso, fiel y misericordioso, que guarda la esperanza de recuperar aunque sea en los últimos tiempos esa intimidad que tenía en Edén con el ser humano, en el mismo acto de la desobediencia de Adán y Eva, les hace la promesa de que del vientre de una mujer vendría a la tierra una criatura (Génesis 3:15), el Mesías (Cristo), en forma de hijo de hombre, que sería llamado Hijo de Dios, y que éste le daría un golpe mortal a Satanás en la cabeza, a fin de rescatar de la muerte a  todos los que creyeran en él y le recibieran como su salvador y señor, pudiendo volver a amistarse íntimamente con el Padre Dios (Juan 3:16) a través de su entrega voluntaria a la  muerte de cruz, como pago por el rescate de la humanidad perdida. 
Inmediatamente de la salida de Adán y Evan del paraíso, lugar que habían recibido por hogar, el Creador, como el Dios de planes que es, da inicio al plan de salvación que ya tenía de ante manos elaborado por si el hombre tomaba la decisión incorrecta.  

Y al paso de los tiempos, dentro del orden correspondiente, escogió a Abraham, un idólatra (adorador de muchos dioses), para bendecir en él a todas las familias de la tierra por sus generaciones, pues, su descendencia sería incontable. Este era un hombre muy anciano, que a sus cien años  de edad no había tenido hijos con su esposa Sara,  solo uno, Ismael, con la sierva de ésta, porque era estéril y tenía  diez años menos que él (Genesis 17:1-27).  Y era obvio que ya no viera su menstruación. Y el pacto la involucraba a ella. 
¿Qué posibilidad había de que una pareja en esas condiciones pudiera engendrar un hijo? Ninguna, según la razón humana. Pero como para Dios no hay límites ni nada imposible, dentro del tiempo planeado, la viejita Sara concibió y dio a luz a su hijo único, Isaac; y de éste nacieron los gemelos Esaú y Jacob, también de una mujer estéril, llamada Rebeca (Genesis 25:21-24).  Este último fue el elegido por Dios para cumplir en Abraham su promesa.
Jacobo tuvo doce hijos en cuatro mujeres: dos esposas que eran hermanas de sangre, Lea y Raquel, y la sierva de cada una.  De estos hijos surgieron doce grandes pueblos que constituyeron la nación de Israel, y de uno de ellos, de la tribu de Judá (el tercer hijo que tuvo con Lea) (Génesis 29:21-35)), nació el Hijo de Dios, un descendiente de los levitas. Dios convertido en hombre, saliendo por la vagina del vientre de una mujer virgen, quien había quedado embarazada sin haber tenido nunca relaciones sexuales con hombre alguno,  cosa también imposible para el humano, miles de años después del pacto hecho a Abraham (Lucas 2:1-52). 
El Cristo llegó a este mundo tal como el Creador lo había prometido en Edén,  y tal cual lo habían profetizado todos los profetas del Antiguo Testamento, cumpliéndose con exactitud hasta el más mínimo detalle prescrito en el plan de Dios, sin violentar el tiempo cronometrado para cada acontecimiento de su primera venida y la puesta en ejecución del plan de salvación, porque en el Padre Celestial no hay coincidencias ni casualidades, sino puros planes (Isaías 7:14; 9:6-7; Lucas 2:6-7). 
Jesucristo vino a rescatar lo que se había perdido en el huerto Edén y a constituir el verdadero pueblo que su Padre Dios había soñado, y  a darle fiel cumplimiento al pacto con Abraham, cuando le dijo que en su simiente  serían benditas todas las naciones de la tierra. Cristo es esta simiente (Gálatas 3:8-9), y todo el que es de Cristo por medio de la fe, pertenece al linaje de Abraham, por tanto es heredero de la promesa (Gálatas 3:29).
 Y con la llegada del mesías prometido, su vida y sus hechos en pro del rescate de la humanidad a través de su sacrificio de sangre, porque por un hombre (Adán)  entró la muerte a todos los seres humanos hasta hoy, entonces, por otro hombre tenía que entrar la resurrección, se cumplió la promesa hecha a Abraham. 

Y este hombre es Jesús ( 1 Corintios 15:21), Enmanuel, Dios con nosotros, el Principado. Aquel engendrado por el Espiritu Santo en el vientre de María, llamado también Hijo del hombre, quien, al cumplimiento total del plan de salvación, murió y fue sepultado, pero al tercer dia resucitó a vida eterna, presentándose ahora como el Árbol de Vida del huerto, con la finalidad de que todos los hambrientos vayan a él y coman, y puedan resucitar a vida eterna cuando él regrese.    
Y  ésta no es la única dádiva que recibe  el y la creyente cuando por fe acoge este tan apreciado regalo de Dios, sino que a la vez,  es resucitado de la muerte espiritual juntamente con Cristo cuando se decide a morir al pecado y a ser juntamente con él sepultado en las aguas del bautizo del arrepentimiento, y resucitado al salir de ellas a una nueva vida, con la disposición de recorrer el mundo de la santidad, porque sin ella nadie podrá ver jamás a Dios y amistarse íntimamente con ÉL (Hebreos 12:14).  Y de esta manera dejar de ser una criatura de Dios para convertirse en su hijo adoptivo, coheredero juntamente con el Señor Jesucristo del reino de los cielos y vivir eternamente con él, disfrutando de su gloria (Romanos 6:3-8). 
Cada criatura de Dios viene a esta tierra a cumplir una misión ajustada a los planes de él. Nada ni nadie llega al azar ni por la casualidad. Todo está fríamente calculado, como diría el famoso Chapulín Colorado, siglos antes de suceder. Cada ser humano es ideado por Dios mucho tiempo antes de nacer del vientre de su madre. Cada uno para una misión especial, con la posibilidad a su alcance de formar parte del pueblo de Dios a través de la fe en su Hijo Jesucristo.
Nunca el propósito de Cristo fue dividir la tierra en diferentes partidos políticos-religiosos, como siempre ha sido y como lo vemos hoy, un montón de religiones que, en vez de mantener unida en amor y respeto a la humanidad, la mantiene separada en una lucha de intereses particulares, odiándose unos a otros y creyéndose los preferidos de Dios, tanto el uno como el otro. Jesucristo no es una religión. Jesucristo es la resurrección y la vida y nadie podrá ir al Padre Dios sino es a través de él. Pues, él es el único camino, la única puerta de entrada, la única verdad y la gran esperanza de vida eterna (Juan 14:6). Fuera de Él solo hay muerte.     
El pertenecer a una religión, llámese como se llame, no llevará a ninguna persona al reino de Dios, no importa lo mucho que haya hecho en su nombre tratando de agradarlo (Mateo 7:21-22). Una relacion íntima y personal con ÉL es lo que espera de los hombres y las mujeres de todos los tiempos.

 Su único anhelo es que nos acerquemos a él con corazón puro y manos limpias, y que le adoremos en la hermosura de nuestra santidad (Salmo 29:2). Que nos acerquemos con confianza por medio de su Hijo Jesucristo (hebreos 4:16), mientras perdure el tiempo de encontrarlo (Isaías 55:6), porque vendrá el día en que las puertas de los cielos serán cerradas para siempre y no habrá más oportunidad. 

Por eso hoy es el tiempo, y hay tiempo para hacerlo (Eclesiastés 1:1-3).  Aún queda un poco para decidirse por la vida. Aprovéchalo, si es que todavía no te has decidido. Date prisa, pues falta muy poco para que la puerta de entrada se cierre para siempre. Este no es un llamado a pertenecer a una religion, sino, a alcanzar la misericordia de Dios y convertirse en su hijo o hija adoptiva/o y heredero de su gracia divina.  
La segunda venida de Cristo a la tierra le pondrá fin a los tiempos del plan de salvación. Este acontecimiento sucederá tal como está escrito en las Santas Escrituras, señalado para los tiempos finales, que hoy ya llevan más de dos mil años que iniciaron y estamos dentro de ellos, desde el día en que él retornó en una nube al lado de su Padre después de su resurrección, donde vivía antes de venir a la tierra, ante los ojos de todos sus discípulos (Hechos 1:1-11).  

Y de la misma manera en que se cumplieron todos los pormenores profetizados desde el inicio de los tiempos en el huerto Edén hasta el dia del  regreso del Hijo de Dios al reino de su Padre, de donde había descendido hacia la tierra, dejando a un lado toda la gloria que tenía en él, para convertirse de un ser inmortal a uno mortal y sufrido, a fin de redimir a la humanidad, así será su segunda venida. Todo se cumplirá a su tiempo, y ahora estamos más cerca que nunca, según nos dicen los acontecimientos (Mateo 24:1-22).
Así como fue su nacimiento silencioso y sorpresivo, cuando sólo una humilde y pobre familia de Belén de Judá lo estaba esperando, así será también su segunda venida, de sorpresa y menos esperada. Esta vez no dejará a un lado su gloria. Bajará a la tierra con todo su esplendor y poder, como Rey de reyes y Señor de señores. El primer resucitado de los muertos. El gran triunfante cubierto de gloria y resplandor divino.   

Pero antes de este acontecimiento, se reunirá en las nubes con  su amada y santa Iglesia a celebrar las bodas del cordero con todos los perdonados y lavados en su sangre, los cuales serán antes transformados en un nuevo cuerpo y vestidos de blanco: primero los muertos, los  que duerme en espera de ser resucitados en la primera resurrección, y luego los que estén vivos en el momento, para ser arrebatados hacia la nubes a encontrarse con su Amado. Todo sucederá  en un abrir y cerrar de ojos, al sonido del toque de una trompeta y a la voz de mando, sin alertar a los renegados de la fe (1 Tesalonicenses 4:16-17)

Luego, Jesucristo, aparecerá junto a su iglesia en las nubes del cielo, con gran majestuosidad, ante la mirada de asombro y de espanto de los ojos de cada humano viviente de los cuatros puntos cardinales del globo terráqueo. Aquellos  que fueron sellados por la bestia. Todos mirándolos al mismo tiempo, en el mismo momento del acontecimiento (Apocalipsis 1:1-7). 

Después, bajará a la tierra con todos los redimidos a instalar su eterno reinado y gobernar durante mil años  a todas la naciones del mundo (Apocalipsis 20:4-6), como muestra de cómo hubiese sido el mundo si la humanidad completa se hubiera sometido en todo a Jehová Dios (YAHWEH ELOHIM), y cómo iban a disfrutar  siempre del único y verdadero gobierno de amor y paz, aquel que les ofreció en el principio y lo rechazaron,  el que más luego fue profetizado por el profeta Isaías (Isaías 65).  
Después de cumplidos estos mil años, vendrá el juicio final, donde los muertos de todos los tiempos que no creyeron en Jesucristo, grandes y pequeños, resucitaran (segunda resurrección), para comparecer ante el gran Trono Blanco de Dios, a fin de ser juzgados por cada una de las cosas que hicieron y por las que dejaron de hacer mientras estuvieron en esta tierra. Hechos que están escritos, con todos sus detalles, en un gran libro, que ese día será abierto en presencia de  todos los acusados. Estos son los que no apreciaron inscritos en el Libro de la Vida.
El único objetivo de este juicio es para que éstos vean que Dios, su creador, es justo y que no quería que nadie se perdiera. Y a la vez sepan que ÉL es fiel cumplidor de cada una de sus promesas, y que son condenados a muerte eterna en el lago de fuego ardiente por sus propias decisiones, no porque al Él se les había antojado (Apocalipsis 20).   
La gran y única verdad de la humanidad es que cada individuo o individua, de toda raza y lengua, estatus social, grandes y pequeños, ricos y pobres, que pasemos por esta tierra, somos  peregrinos enviados por Dios a cumplir una misión especial y que un día debemos volver ante su presencia a rendirles cuentas de cada uno de nuestros hechos mientras estuvimos aqui en la tierra. Esto no es un cuento de hadas, es la única y verdadera realidad de toda la historia de la vida del ser humano. ¡Qué sorpresa les espera a todos los incrédulos!
Si el talento que le dio para que lo pusiera en ejecución al servicio de los demás, lo enterró sin antes producir ningún tipo de fruto, y junto a esta acción obvió las condiciones establecidas para vivir eternamente y que además, no se decidió a comer del pan de vida (Cristo), puede estar seguro o segura que por su propia decisión será lanzado al lago del fuego eterno, como castigo a su desobediencia (Mateo 25:14-30). 
Y esto es lo que muchos no creen y ponen siempre bajo las dudas. Algunos alegan que Dios es amor, y que por tal razón no es posible que nos dé tan cruel castigo, porque Él ama a todos los seres humanos, buenos y malos, ya que todos  son sus hijos por naturaleza, y el es un padre muy amoroso. Y si llegara a hacerlo es porque es malo. Y debido a este razonamiento, nunca buscan la manera de salir de su ignorancia espiritual. Guardan la esperanza de su perdón por amor cuando mueran. 

 Pero los que piensan de esta manera, nunca han leído lo que dice Las Sagradas Escrituras (La Biblia), que, así como Dios es amor (Juan 4:8), es también celoso y fuego consumidor, (Deuteronomio 4:24; 30:30). Que cumple al pie de la letra cada una de sus promesas, tanto las que son de bendiciones para los obedientes, como las maldiciones para los desobedientes. De esto dio muestra cuando bendijo en varias ocasiones a los israelitas, su pueblo escogido, por su obediencia, y en otros momentos, castigándolos por sus tantas infracciones (Deuteronomio 28 y 29).
 Otros dicen que el castigo de la muerte eterna en el infierno es un mito, una fábula o un cuento de camino  para que los tontos e ignorantes y pobres vivan siempre subyugados bajo la autoridad de los mas influyentes, satisfaciendo todos sus caprichos. Pero  ignoran  que pronto se llevarán la más espantosa sorpresa de su vida, donde lamentarán el haber nacido y  desearán que la tierra se los trague vivos, pero  ni para esto ya no habrá tiempo., porque buscaran la muerte y esta huirá de ellos (Apocalipsis 9:6). 
“Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.  Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a santos; ni palabras deshonestas, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.  Nadie os engañe con palabras vanas, porque por estas cosas viene la ira de Dios sobre los hijos de desobediencia (Efesios 5:1-6).

¡Imposible no verte!