miércoles, 17 de octubre de 2018

CONOCIENDO Y APRENDIENDO DE LAS IGLESIAS APOSTÓLICAS PRIMITIVAS, A TRAVÉZ DE LAS EPÍSTOLAS DE PABLO I



Introducción
La mayoría de las epístolas del Nuevo Testamento enfocan situaciones que necesitaban una inmediata atención doctrinal o pastoral. Algunas fueron escritas como respuesta a información traída por mensajeros o en respuesta a otra carta. Sus enseñanzas se aplican a los creyentes como individuos y a la iglesia como un todo.
La Epístola a los Romanos es uno de los libros más importante de la Biblia porque explica ampliamente el plan de salvación de Dios para judíos y gentiles (1:16, 17). En ella encontramos de manera sistemática las grandes doctrinas del cristianismo.
El apóstol Pablo por mucho tiempo había tenido el deseo y la carga de visitar a Roma como apóstol de Cristo hacia los gentiles, y aprovecha el viaje de la hermana Febe a Roma, para enviarle una carta a los cristianos de allí, donde les dice que tiene en agenda una visita para estar con ellos, después de que fuera a Jerusalén a ministrarles a los santos (Hechos19:21; Romanos 15:24, 28). Ya que, al completar su misión por Macedonia y Acaya, tenía el propósito de extender sus labores evangelísticas a España y de paso visitar a Roma (Hechos 19:21; Romanos 15:24, 28). Sin embargo, sólo tres años más tarde, pudo llegar a la capital, no como misionero de paso hacia España, de acuerdo con sus planes, sino como preso que había apelado a Nerón (Hechos28:16).
Se cree que esta epístola no  es la primera de Pablo, que fue escrita después de la de los  Gálatas en Corinto durante su breve estadía, en su 3er viaje misionero, entre los años 57/58 d.C., como  sugieren los saludos (Ro. 16:23; cf 1 Co. 1:14; 2 Ti. 4:20) y Romanos  16:1, donde felicita a Febe por su servicio especial a la iglesia de Cencrea, el puerto oriental de Corinto, donde ella servía como diaconisa.
Es un libro que muchos estudiosos de la Biblia lo consideran como el más sobresaliente entre todos los libros del Nuevo Testamento, tanto por su contenido como por su profundidad teológica.  Y debido a esto, es la que más ha influido en la historia de la iglesia, pues grandes movimientos de avivamientos, como el de los tiempos de Wesley en Inglaterra y otros, iniciaron con el estudio de esta epístola.
Carballosa, Evis L. (1994) señala en la parte introductoria de su libro “Romanos” que el estudio minucioso de esta epístola se hace muy necesaria hoy en las iglesias cristianas, ya que existe mucha confusión doctrinal tanto dentro como fuera de la iglesia local. Pues, muchas de las doctrinas bíblicas están siendo mal enseñadas. Y el/la cristiano/a serio/a, sincero/a, que desea servir a Dios con integridad y enseñar a otros debe dedicarse a estudiarla con detenimiento; Ppes, esta epístola tiene mucho que decirnos sobre LA FE Y SU PRÁCTICA.












La epístola a los Gálatas fue escrita por Pablo para reafirmar enfática y enérgicamente que la salvación es únicamente por la fe en Jesucristo y no por obedecer las leyes ceremoniales judías, como equivocadamente estaban enseñando los judaizantes (judíos cristianos conservadores); y que el Evangelio era uno solo, y fuera de él no hay otro; el cual es tal como él se los había enseñado, porque no lo había recibido de hombre alguno, sino del mismo Señor Jesucristo de forma directa.

Algunos exegetas creen que esta carta fue escrita entre los años 50 a 56 d. C. aproximadamente, luego de dos visitas de Pablo a la provincia de Galacia. Se cree que pudo ser escrita en Corinto, durante la estadía de casi dos años del apóstol en esa ciudad, entre el año 50 o 52 d.C., aunque otros la ubican en una fecha más tardía, alrededor del 56 d.C.

Esta carta es una clara enseñanza contra los judaizantes, los cuales formaban una fuerte secta en el cristianismo primitivo, que decían que la salvación se alcanzaba a través de la circuncisión y el sometimiento a la ley de Moises, y a la vez alegaban que el apostolado de Pablo era ilegal, porque no pertenecía al grupo de los doce discípulos. Estos usaban la zona de Asia Menor (hoy Turquía), como su lugar predilecto para divulgar sus falsas enseñanzas.

 Todo parece indicar que estas enseñanzas habían logrado sus objetivos en los miembros de las iglesias de esta zona, ya que muchos de ellos estaban pensando judaizarse, según lo manifiesta Pablo en su carta.



Conclusión

Al final del siglo I, las iglesias cristianas aceptaron como reglas de fe las doctrinas expuestas por el apóstol Pablo en la epístola a los Romanos, sin embargo, surgieron herejías y comenzaron a formarse grupos sectarios dentro de ellas que desviaron a los creyentes de la verdad que habían conocido y aprendido de las enseñanzas de Pedro y Pablo, y de otros líderes.

 Los apóstoles sobrevivientes trataban de contrarrestar estas falsas enseñanzas hasta que murió el último, Juan. Luego, estos grupos se fueron desarrollando y creciendo hasta sembrar algunas de sus falsas semillas en los cristianos.

Un ejemplo de esto es que el bautismo por inmersión (sumergirse en el agua) y de arrepentimiento era en todas partes el rito de iniciación en la iglesia de todo creyente. No obstante, en el año 120 d.C. se hizo costumbre por aspersión, que consistía rociar gotas de agua sobre el nuevo creyente, acción que fue sustituyendo la inmersión en las aguas. Llevándole la contraria a las instrucciones del Señor Jesús sobre una ordenanza dada por él mismo.

La epístola a los Romanos es considera la Constitución del cristianismo y Gálatas la Carta Magna, pues en ellas el apóstol define la condición del ser humano de todos los tiempos ante Dios, revela su justicia a través de la fe en Jesucristo, la manera para alcanzarla y la forma de ponerla en práctica, y el código de ética de la vida del creyente.  Y debido a esto, es de suma importancia que todo movimiento cristiano conozca al dedillo el contenido de ambas, si es que su objetivo es dominar y poner en práctica todos los pormenores de la fe cristiana y permanecer firme en la verdad de Cristo.




miércoles, 10 de octubre de 2018

ORIGEN DE LAS PRIMERAS IGLESIAS CRISTIANAS APOSTÓLICAS


INTRODUCCIÓN
La Iglesia de los Apóstoles, llamada así porque fue fundada por los apóstoles de Cristo después de su resurrección y ascensión al reino de los cielos, bajo el legado de un Señor (Jesucristo), una fe, un bautismo, un mismo Espírito, un Dios padre de todos, que es en todo y que lo trasciende todo.
Un Cristo que constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros pastores y maestros, con la finalidad de que fueran perfeccionando a los fieles creyentes en función de su ministerio, con metas de ir edificando el cuerpo de Cristo, que es su iglesia, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y al conocimiento del Hijo de Dios, a un hombre y a una mujer perfectos, preparados para toda buena obra” (Efesios 4:5-7,11.13).
 Y cuyo fundamento es el arrepentimiento y el perdón de los pecados, a través de la sangre de Cristo derramada en la cruz del calvario, y el nuevo nacimiento en agua y Espiritu Santo a una nueva creación en Cristo.
El dominio del Imperio Romano en el mundo mediterráneo durante la época del inicio del cristianismo contribuyó en la preparación para la primera venida de Cristo y la expansión del evangelio, ya que la unión de tantas razas y pueblos bajo un único gobierno hizo que las barreras raciales y culturales no influyeran en el desarrollo de los pueblos, unificando de esta manera la raza humana.
Esto hizo posible que todos pudieran escuchar y comprender la predicación de la doctrina de que en Cristo “no hay griego ni judío, ni bárbaro ni escita, ni siervo ni libre, sino que todos los creyentes somos uno en Jesucristo” (Gálatas 3:28; Colosenses 3:11).
Además, Pablo, como ciudadano de este Imperio que abarcaba la tercera parte de la raza humana, pudo viajar sin ningún tipo de impedimento por todos los pueblos como el primer misionero de la iglesia de Jerusalén.



















CONCLUSIÓN
Bajo toda clase de opresión, persecuciones, encarcelamientos, azotes y muertes de mártires, la iglesia de los apóstoles fue ensanchando su fe en Cristo, hasta que su visión incluyó llevar al mundo conocido a los pies de Él, cumpliendo al cien por ciento  con su mandato de ir a todas las naciones predicando las Buenas Nuevas de salvación en la muerte y resurrección del Hijo del único y verdadero Dios, YAHVEH (Jehová) el creador de todo el universo, y todos los que creyeren y fueran bautizados sus pecados les serían perdonados y serían librados de la muerte eterna.
Y bajo la dirección de Pedro, Pablo y sus sucesores, la iglesia se estableció en el recuadro de dos generaciones en casi todos los países de entonces, desde el Éufrates hasta el Tíber y desde el Mar Negro hasta el Nilo. Y cada dia se añadían al cristianismo cientos de nuevos creyentes, llegando a ser casi la mitad de la población total del Imperio Romano.
Este período de la iglesia duró alrededor de 200 años. Terminó con la muerte del último de los discípulos, el apóstol Juan, quien se cree que murió por encima de los cien años. 





BREVE RESEÑA DE LA HISTORIA DEL ORIGEN DEL CRISTIANISMO










    
Bibliografía 
Biblia Reina-Valera 1960
La Nueva Biblia Latinoamericana de Hoy
Diccionario Ilustrado de la Biblia,1974,  Edit. Caribe
Gray, Bryan. "Diccionario de la Iglesia Primitiva"
Lyman, Jessen. "Historia de la Iglesia Cristiana". Editorial Vida

viernes, 21 de septiembre de 2018

¿POR QUÉ LOS CRISTIANOS LES DAMOS EL NOMBRE DE “PALABRA DE DIOS” A LA BIBLIA?


SEPTIEMBRE, MES DE LA BIBLIA

¿Por qué los cristianos y las cristianas llamamos a la Biblia “La Palabra de Dios” si en ella están todos los dichos de YAHVEH (Jehová) a los hombres escogidos para darnos a conocer el Reino de los Cielos y la justicia de Dios?
 Con frecuencia se oye decir a cristianos- “la Biblia dice ...” “La palabra de Dios dice...”- Y no todo lo que está escrito en la Biblia (colección de libros breves) son dichos pronunciados por la boca de Dios, sino, que, también están los dichos de los hombres que escribieron en diferentes épocas y de diferentes extractos sociales. Entonces, ¿por qué le llamamos La Palabra de Dios, como si esta estuviese compuesta por una sola palabra y no por muchas?  
Le llamamos así por ocho grandes verdades:
1.    Porque el tema, eje central de todos los libros, es el Reino de Dios: su justicia, poder y autoridad.
2.    Porque su mensaje central lineal desde Génesis a Apocalipsis es el Plan de Salvación para la humanidad a través de la fe en Cristo.
3.    Porque el fin y personaje central es Jesucristo, el redentor y salvador, el Señor de Señores, el Verbo prometido, el alfa y la omega.  
4.    Porque todas las escrituras han sido inspiradas por el Espiritu Santo para enseñar, redargüir (refutar, impugnar), corregir e instruir en justicia, a fin de que todo hijo de Dios sea perfecto, preparado para toda buena obra (2 Timoteo 16-17).
5.    Porque tiene los libros que el Espiritu Santo eligió para que formaran parte del conjunto de la macroestructura de la Biblia, según su mensaje central.
6.    Porque ella dice exactamente lo que Dios quiere que se diga y se sepa.
7.    Porque además de ser inspirada, ella sigue inspirando a otros escritores para seguir escribiendo sobre el Reino de los cielos y la Salvación a través de Cristo.   
8.    Porque ella tiene autoridad para transformar vidas por medio de la gracia del Señor Jesucristo.   


En conclusión, la gran razón de considerar la Biblia como la Palabra de Dios es porque JESUCRISTO es el VERBO de Dios desde Génesis al Apocalipsis. El término verbo es interpretado como palabra. Entonces, la palabra de Dios es CRISTO. Él es el Alfa y la Omega (la palabra de la A a la Z), el principio y el fin. La palabra de Dios consiste en enviar por amor a la tierra a su único Hijo, para que todo aquel que en ÉL crea no se pierda, sino que tenga vida eterna (Juan 3:16). Y esta Palabra fue prometida en el Antiguo Testamento y cumplida en el Nuevo Testamento. 



“Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin,

dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir,

 el Todopoderoso”. Apocalipsis 1:8



"He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo,

para recompensar a cada uno según sea su obra.

Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin,

el primero y el último". Apocalipsis 22:12-13







miércoles, 12 de septiembre de 2018

Lo que NO nos enseñan enfáticamente sobre el Señor Jesús


  

  La mayoría de las personas que se hacen llamar cristianas o aquellas que estando en la fe tienen un escaso (o casi nada) conocimiento bíblico, cuando hablan, piensan o enseñan sobre el Señor Jesús, en esta época, lo presentan sólo como Jesús Dios, jamás como hombre. Creen que el que murió en la cruz fue Dios. Y esto es una gran mentira.
     Si decimos que Dios murio en la cruz, estaríamos negando su eternidad y su palabra. Lo hacemos a Él mentiroso. Ser eterno significa que él no tiene  principio ni fin. No tiene origen de familia: una madre ni un padre. Entonces, quien murió en la cruz fue Jesús hombre, el Hijo del Hombre; el salvador de la humanidad, el Hijo de Dios, jamás Dios como tal.
 Y el Antiguo Testamento da fe y testimonio de que Cristo ya existía antes de convertirse en un hombre en el Nuevo Testamento, pues, tuvo participación directa en todo el escenario bíblico antes de su nacimiento virginal como la segunda persona de la deidad de Dios. Y el apóstol Juan introduce su evangelio diciendo que Jesús es el Verbo, que el verbo era en el principio con Dios, y que ese Verbo era Dios,  y que  se hizo carne y vino a la tierra y habitó en ella, y por él todas las cosas creadas fueron hechas, y de no ser así, nada de lo que ven nuestros ojos existe (Juan 1:1-3).

    Pienso que no hay un dominicano o una dominicana que no haya recibido la información sobre el nacimiento y muerte de Jesús, ya que todos los años nos repiten por todos los medios informativos la historia de su nacimiento en las festividades navideña, y la historia de todos sus padecimientos en la cruz, en la semana santa. Pero rara vez aparece alguien que nos enseñe la vida terrenal de un individuo común y corriente, que vino a este mundo con una misión muy especial.

    Un hombre que por treinta y tres años vivió en esta tierra en una época con su historia y en una patria específica con identidad propia, que hoy sigue siendo parte del mapa mundial. Un sujeto que tuvo una niñez y una adolescencia común y corriente como todos los demás. Que creció y se desarrolló en una familia nuclear también normal, compuesta por un padre terrenal (aunque adoptivo) llamado José y una madre conocida como María, junto a sus hermanos y hermanas (Marcos 6:3). Cosa que para algunos grupos religiosos parecería ser un pecado para Jesús, el tener parientes directos de sangre, como los hermanos; y como si esto fuera una deshonra para su madre María. Todo lo contrario, el tener muchos hijos era la mayor bendición y honor para la mujer de esos tiempos.

    Además, el Apóstol Pablo menciona en una de sus epístolas a Jacobo, llamado Santiago, obispo de la iglesia de Jerusalén, como el hermano de sangre del Señor Jesús (Gálatas 1:18-19). Porque de no ser así, ¿por qué cuando se refiere a Pedro, a Juan o a Bernabé, o a cualquier otro hermano en la fe, no le dice que son hermanos del Señor (1 Corintios 9:4-5)?

    ¿Y por qué pensar en Jesús como hombre?  Porque él es nuestro modelo de vida por excelencia a imitar como hijo, ciudadano, amigo y como ente social entregado a hacer buenas obras en pro de los más necesitados de su entorno social. Porque, además, fue solidario, compasivo, amable, amoroso, respetuoso, excelente maestro. Que no escatimó el ser igual a Dios, el ser Dios, para hacer alarde y abuso de su poder, de su estatus social, de su vanagloria y vanidad, sino que se convirtió en el más simple siervo para servir con entrega, amor y humildad.

    Siempre estuvo atento al dolor y a las necesidades del menesteroso, pues conoció el dolor, la tristeza y la pobreza. Fue tentado en todo como es tentado cualquier humano, y de cada tentación salió airoso.  Fue experimentado en el sufrimiento, sometido a todas las necesidades fisiológicas y espirituales, ya que tuvo necesidad de dormir, comer, tomar agua, desocupar su vejiga e intestinos, descansar, trabajar, orar constantemente, ser lleno del poder del Espíritu de Dios (Lucas 4:1). Completó el ciclo de todo ser vivo: nacer, crecer y morir.  Se sentía a gusto entre las gentes sencillas y lloraba con los que lloraban.  

     Tener presente a Jesús cien por ciento hombre, además de ser cien por ciento Dios, nos lleva a querer vivir como él vivió, a tratar de imitar su carácter, a saber, que, si Él pudo, todo humano puede. Nos lleva a jamás pensar que para él todo fue muy fácil y senillo por ser Dios. Que pudo soportar el dolor y el sufrimiento por ser Dios. Él sufrió en carne viva como todo un ser humano. Como tu y yo. 

      Porque, además de darnos a conocer a su Padre Dios, el Creador de todas las cosas y diseñador del Plan de Salvación, que vino a rescatarnos del mal y a ofrecernos su salvación y vida eterna, llegó a esta tierra a enseñarnos a cómo vivir en ella siendo hijos sinceros del Dios Altísimo, a como amarlo por encima de todas las cosas y a cómo se puede amar al prójimo como a uno mismo. Además, nos enseñó con su ejemplo a cómo ser el mejor amigo o amiga y el mejor ciudadano o ciudadana, responsable de sus deberes ciudadanos.   

    El fue un hombre con una vida ordinaria, creció en una zona rural entre campesinos, agricultores y granjeros.  Era conocedor de las cosas que hacía cada uno. Y según sus enseñanzas en parábolas, podríamos decir que hasta llegó a ejercer algunos de los oficios de estas personas (Mateo 13:3-9), aparte de ejercer el oficio de su padre José, la carpintería.  Pues, en ninguna de sus metáforas se observa la mención de la vida urbana de las grandes ciudades de Galilea. Todas sus enseñanzas están relacionadas con la vida rural. Se puede ver en ellas a un hombre que tenía su corazón en el campo.

    Según los evangelios, Jesús creció en la aldea de Nazaret, la cual abandonó cuando inició su ministerio (Mateo 4:13). Y cuando volvió a ella, un tiempo después, sus conciudadanos se extrañaron al escuchar y ver las cosas sobre humanas que hacía, ya que lo conocían muy bien. Había vivido treinta años entre ellos y nunca les dio indicio de sus poderes sobrenaturales, aunque era un hombre muy inteligente, ni de tener algún don de curandero. Nunca vieron en él ninguna señal de niño prodigio en su infancia o en su adolescencia, sino a un niño gracioso y sabiondo. Pero sí, todos lo identificaban por el oficio que desempeñaba.  

    Es de ahí que se preguntaban- ¿De dónde sacó éste tales cosas? —decían maravillados muchos de los que le oían—. ¿Qué sabiduría es esta que se le ha dado? ¿Cómo se explican estos milagros que vienen de sus manos?  ¿No es acaso el carpintero, el hijo de María y hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están sus hermanas aquí con nosotros?” (Marcos 6:2-3).

    Y aunque es verdad que Jesús fue un laico autodidacta y que no fue educado por ningún célebre rabino, hay que reconocer, sin embargo, que su locución si se comparara con los eruditos de aquella época no tendría nada que envidarle, por lo que podemos alegar que Jesús no tenía nada de analfabeto, como algunos piensan. Actuaba con mucha desenvoltura tanto en el conocimiento de las Escrituras sagradas de su pueblo, de las legislaciones gubernamentales y de toda tradición oral, por lo que era capaz de abordar cualquier tema de forma magistral.

   Todo esto demuestra que no había ningún misterio en su origen y que era cien por ciento hombre. Aunque hay que reconocer, que es difícil imaginar o prever lo insólito, lo inesperado de la vocación de un hombre aparentemente normal y corriente, al que la gracia de Dios iba a llevar a donde nadie lo imaginaría. Por lo que para sus aldeanos era difícil asimilarlo. Solo tenían la capacidad para identificarlo como un aldeano común y corriente como cualquiera de ellos.

    Pero todo lo contrario sucede con la mayoría de los cristianos de esta época. Pensamos en un Jesús cien por ciento Dios solamente, y no nos detenemos a reflexionar que fue un ser humano normal como uno de nosotros, que pudo haber caído en las tentaciones y haber renegado el morir en una cruz por los injustos y malos, pues, no le era indiferente el sufrimiento lento e intenso que este tipo de muerte ocasionaba ni la afrenta que conlleva, ya que era maldito todo el que moría colgado en un madero (Gálatas 3:13). Y a pesar de todo se sometió a estos padecimientos por el rescate de muchos. El justo por los injustos para llevarnos al Padre Dios, siendo muerto en la carne, pero vivificado en su espíritu (1 Pedro 3:18).

   Él sabía a qué había venido a la tierra, lo que quería y hacia donde se dirigía. Estaba bien definido. Su carácter firme, consciente y decisivo lo llevó a someterse a la obediencia total de los mandamientos de su Padre; por lo cual alcanzó el más alto honor y un nombre que es sobre todo nombre, dado jamás a hombre alguno, ante el cual toda rodilla debe doblarse, darle honor, honra, adoración y toda gloria, y reconocerlo como el Señor de señores. 

   Si tuviéramos presente a un Jesús que fue hombre y que a la vez fue y es el mismo Dios que estuvo durante unos años en la tierra, no sólo lo pensáramos como nuestro salvador y señor de nuestras vidas, y como la manera de vivir un día en el cielo junto a ÉL eternamente, sino que, al mismo tiempo, podríamos pensarlo como el único ser humano que se puede imitar para tener una vida digna, honorable, apegada a las buenas obras y a toda clase de bien en esta tierra. Que podemos aprender de ÉL que fue manso y humilde de corazón (Mateo 11:29) y tener una vida terrenal saludable para sí mismo o misma y para la colectividad circundante.

   
Ser como Cristo y vivir como Él, es tener una vida plena, feliz y saludable en la tierra, y mantener viva la esperanza de la vida eterna.  




¡Imposible no verte!